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miércoles, 17 de octubre de 2012

0 La Tartamudez en los niños

¿Niños que tartamudean?


Socialmente, una conducta  que sale de la “norma”,  de lo esperado, de lo habitual atrae la atención de las personas  que la observan . Cuando  un niño tartamudea la mirada de sus interlocutores se centra en su modo de hablar, separada del contexto comunicativo.  Es así como  “la traba” es considerada error y por lo tanto algo a corregir.

Esta creencia social propone  la búsqueda terapéutica de la fluidez verbal en el niño,   aislada de las situaciones  comunicativas en las que  participa. La interacción comunicativa  con un niño que tartamudea en el contexto familiar  va perdiendo espontaneidad, ya que  se reacciona negativamente ante la presencia de la disfluencia ,  manifestándose en el niño  con esfuerzo e incomodidad al comunicarse.

La tartamudez como dificultad  de  comunicación   involucra siempre a un otro en continua interacción  y expande la mirada a las  actitudes comunicativas que rodean al niño, siempre  cargadas de sentido, que van más allá de lo verbal  y por lo tanto pueden ser favorecedoras o no de una comunicación fluida.

Observar  la comunicación  en un niño  disfluente nos posiciona en una perspectiva de totalidad  y de unidad donde las áreas comprometidas se analizan y abordan a través de la interrelación de las mismas en situaciones comunicativas dejando así de luchar contra “el error”.

Por lo que sería deseable  reflexionar sobre una modalidad de abordaje terapéutico temprano y fundamentalmente integrador,  incluyendo a profesionales capacitados, padres y docentes; todos  participantes activos e indispensables en la construcción de una comunicación fluida, fácil y cómoda.

Fga. Silvana Perfumo

martes, 16 de octubre de 2012

0 Las Madres Compartimos...


Las madres de niños disfluentes compartimos pensamientos, sentimientos y actitudes.
La culpa, la angustia, la preocupación y el miedo aparecen en  todas casi de manera indefectible.
Nos preocupa el presente y el futuro de las relaciones interpersonales de nuestro hijo. Pensamos y analizamos que causo  ese modo de hablar en ellos. ¿Cuándo y por qué  empezó a expresarse con dificultad? ¿Qué hicimos mal? ¿Tiene algún problema más? ¿Será normal? ¿Y ahora que hacemos como lo ayudamos?

A veces nos enojamos con ellos por hablar así, los corregimos e instantáneamente nos invade la culpa, ya que podemos reconocer que ellos no lo hacen intencionalmente, pero… ¿por qué lo hacen?
Recordamos comentarios o dichos sociales, “habla así porque tiene algún problema  en la casa”, “se asustó de algo” el motivo es esto o lo otro. Y comenzamos a buscar ayuda y respuestas.
En la búsqueda de un  cambio, cuando nos informamos y encontramos  profesionales idóneos que nos orienten, es posible pensar que  esa falta de fluidez está en la comunicación y es sostenida por el estilo comunicativo familiar.

Reunirnos en un grupo con otros padres con los que podamos compartir situaciones similares nos ayuda a fortalecernos y sostenernos mutuamente.
Lentamente, le demostramos a nuestro hijo que tenemos confianza en él, en sus capacidades, que lo amamos tal y como es, respetando su individualidad. Valorando hasta el más mínimo de sus logros, aceptando sus dificultades. Acompañándolo en sus momentos de inseguridad, de pérdida de  fluidez. Dejamos de demandar y reforzamos el desarrollo de sus habilidades, permitimos que se destaque en aquellas cosas que desea.

Al ocuparnos por modificar nuestras actitudes, desaparece la preocupación y fluimos, saliendo de los límites del habla, fluimos en la vida cotidiana como familia.

Es un proceso enriquecedor que nos da satisfacción ante cada pequeño logro, ante cada  desafió que es superado.
Se revierte nuestra mirada sobre la disfluencia y  hallamos las respuestas a las preguntas que nos hacíamos en un principio. Nuestro hijo está armando su lenguaje, su forma particular de comunicarse, de interrelacionarse, solo  necesita  tiempo y contención de nuestra parte.

Cada familia ira encontrando su propia manera, no existe una receta una técnica, es un proceso, que requiere de perseverancia y predisposición. Todo ayuda, jugar más, bailar juntos, reírnos, dibujar, respetar turnos, mirarnos a los ojos cuando nos escuchamos, leer cuentos, caminar sin prisa disfrutando de una charla con nuestro hijo…….son cosas tan variadas y diferentes como lo es cada familia, solo se trata de intentar y probar.
Es un hacer diferente, comprometido, especial….un hacer desde casa que incluye a nuestra familia completa.

Las madres de chicos disfluentes podemos compartir pensamientos positivos, sentimientos agradables y actitudes favorecedoras de la comunicación fluidez de nuestros queridos hijos.

Lic. Mariela Perretta
Grupo de Madres

 

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